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Isla de la Tortuga
"Aquí las capas son sayos/ y los toros bravos, bueyes./ Aquí todos somos reyes/ y todos somos vasallos".
06 de Junio, 2008 · Economía

Las teorías de la explotación, por Charles Rist


(Como es una muletilla muy frecuente y harto irritante de soportar aquella de que todo aquel que critica, aunque sea muy cautamente, el capitalismo, es un creyente en la supuestamente ya refutada teoría laboral del valor, reproducimos, a fin de poner los puntos sobre las íes, este fragmento del capítulo Saint-Simon y los orígenes del colectivismo de la excelente Historia de las doctrinas económicas de Charles Gidé y Charles Rist -este capítulo, concretamente, fue redactado por Rist).

No es la primera vez que nos encontramos con esta palabra  [explotación] en el transcurso de nuestra historia. Recordaremos que ya Sismondi (1) se había servido de ella y, más adelante, la habremos de volver a encontrar en boca de Carlos Marx y de otros escritores. Sin embargo, ni Sismondi, ni los sansimonianos, ni Carlos Marx la emplean los unos en el mismo sentido que los otros. Nos parece muy útil que, antes de pasar adelante, establezcamos la debida separación de las diferentes acepciones de dicho término, que desempeña un papel tan importante en la literatura socialista y que se presta a tantas confusiones.

 

Sismondi, como sabemos, considera como legítima la retribución de la propiedad, y, sin embargo, admite que un obrero pueda ser explotado.

 

¿Cómo es ello? Siempre que su salario apenas le baste para vivir, frente a la opulencia de su patrono; siempre que no llegue a alcanzar lo que Sismondi llama su justo salario. La explotación es, pues, un abuso, no un vicio orgánico que lleve en su entraña la naturaleza misma de nuestro régimen económico. Tal abuso se verifica “muchas veces”; pero no es “necesario”; se le puede muy bien corregir sin destruir por eso todo el sistema. En este sentido general y un poco vago –que se refiere, a lo que parece, a la idea, difícil de precisar, del “justo precio”- la explotación, observémoslo bien, se encuentra con harta frecuencia, y bajo los más variados aspectos, en nuestro mundo económico; no es exclusiva de las relaciones entre patrono y obrero, sino que se produce cuantas veces una persona abusa de una situación excepcional (la ignorancia, la timidez, la debilidad, el aislamiento de otra), para comprar o vender, ya sus mercancías, ya sus servicios, a demasiado alto o demasiado bajo precio.

 

Para los sansimonianos, por el  contrario, la explotación es una tacha  orgánica de nuestro régimen social, una cosa inherente a la propiedad privada, de la cual constituye la consecuencia necesaria; no es un simple abuso, sino el rasgo más característico de todo el sistema desde el momento que el atributo fundamental de la propiedad es, precisamente, el derecho a percibir un producto sin trabajo. Y así, la explotación no se limita a los obreros manuales, sino que se extiende a todos cuanto pagan tributo al propietario. El mismo contratista de la industria es, a la vez, una victima de ella, mediante el interés que tiene que abandonar entre las uñas del que le anticipa los fondos (2).

 

En cambio, el beneficio del contratista no procede de una explotación del obrero, sino que es, sencillamente, el salario que corresponde al trabajo de dirección. Sin duda que el patrono puede también, a su vez, abusar de su situación para reducir hasta el exceso el salario del obrero; en este sentido los sansimonianos dirán con Sismondi que el obrero es explotado; pero sin que este hecho tenga nada absolutamente de necesario; antes al contrario, el sansimonismo deja entrever que en la sociedad industrial del porvenir habrá amplias remuneraciones para las capacidades excepcionales(3). Y en estas palabras se halla uno de los rasgos más notables de su teoría.

 

Finalmente, Marx, también concibe muy bien la explotación como un vicio orgánico del capitalismo; pero da a esa palabra un sentido completamente distinto al que le daban los sansimonianos: inspirándose en los socialistas ingleses, ve el origen de la explotación en una particularidad del cambio. En su modo de sentir es únicamente el trabajo del obrero el que crea todo el valor de los productos; por consiguiente, el interés y el beneficio no pueden ser más que un robo que se hace al obrero; la retribución del contratista no es menos injusta que la del capitalista o la del propietario territorial. (4)

 

Esta última teoría parece mucho más radical que la precedente desde el momento que condena toda riqueza que no sea el salario del obrero; pero, en realidad, es mucho más frágil: bastará con demostrar que el valor de los productos no resulta del trabajo manual por sí solo, para derribar por tierra toda la armazón levantada por Marx. Los sansimonianos no se han visto jamás entorpecidos en su camino por una teoría del valor: su sencillísima teoría descansa sobre la distinción evidente entre la retribución que corresponde al trabajo y la retribución que corresponde a la propiedad, cosa que nadie puede poner en tela de juicio. Sismondi ya lo había hecho así. Para escapar a la consecuencia que de ella sacan –la ilegitimidad de la renta sin trabajo- , es absolutamente preciso buscarle a esa renta otro fundamento distinto del trabajo y descubrir al atributo esencial de la propiedad una nueva justificación.

 

Dicha justificación se trata, generalmente, de encontrarla en las necesidades de la producción. La propiedad privada, con su renta propia, se legitima a los ojos de un número, cada vez mayor, de economistas, por el estimulante que ofrece a la producción y a la acumulación de las riquezas. Éste es el terreno más sólido en donde puede situarse el que trate de defenderla; éste era, precisamente, entre otros, el que habían escogido los Fisiócratas.

 

(1)   Sismondi había hablado, más bien, de expoliación.

(2)   “En nuestros días la masa entera de los trabajadores está explotada por los hombres cuya propiedad utiliza; los mismos jefes de los talleres industriales padecen esta explotación en sus relaciones con los propietarios, si bien en una escala incomparablemente mucho menor; y, a su vez, participan de los privilegios de la explotación, que recae con toda su fuerza sobre la clase obrera, es decir, sobre la inmensa mayoría de los trabajadores” (Doctrina de Saint-Simon, pág. 176).

(3)   “Nosotros queremos que los beneficios disminuyan y que los salarios aumenten; pero bajo este nombre de salario comprendemos también al beneficio del contratista de la industria, porque consideramos dicho beneficio como el precio de su trabajo” (El Productor, tomo I, pág. 245). El artículo es de Enfantin.

(4)   Las diferentes acepciones de la palabra “explotación” se podrían resumir del modo siguiente, según que nos coloquemos en el punto de vista de Sismondi, en el de los sansimonianos, o en el de Carlos Marx: 1º Para Sismondi, el trabajador es explotado en el sentido de que no se le da un salario suficiente para vivir humanamente; pero la renta sin trabajo le parece legítima; 2º Para los sansimonianos hay explotación en el sentido de que una parte del  producto material del trabajo está desviada, en beneficio de los propietarios, por las instituciones sociales; y 3º, finalmente, para Marx, hay explotación en el sentido de que una parte del valor creado por el trabajo está detentada por los capitalistas en virtud de las instituciones sociales y de las leyes del cambio.

 

 

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publicado por tsekub a las 18:47 · 5 Comentarios  ·  Recomendar
 
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Comentarios (5) ·  Enviar comentario
Hago notar que algunos detalles de la puntuación y ortografía en general, fueron alterados por mí, a fin de adaptar el texto a los usos más contemporáneo. Por otro lado, la edición que tengo de este libro carece de las primeras y las últimas páginas, de modo que desconozco el lugar y la fecha de la impresión, tanto como el sello editorial y el nombre del traductor o traductora.
publicado por Tsekub, el 06.06.2008 19:01
Si no eres filósofo y jamás has visitado el Mundo de las Ideas ¿cómo sabes cuál es el verdadero significado de "explotación"?

Pero no te preocupes. Estoy por viajar a ese Mundo. Ya te diré cuál. Y si encuentro alguna postal de la Explotación, te la envío a tu domicilio.
publicado por wg, el 07.06.2008 16:41
La teoría de los sansimonianos, simple y clara, es, en realidad, la que todos tenemos en
mente pero, quizás, dándola por sentado y sin haberla analizado demasiado, hasta que algún
pesado viene y dice "es que te adhieres a la TLV que ya fue refutada por Zutanovsky". Y,
como nunca nos ocupamos mucho de analizar este punto -mea culpa, nos confunde.

Pero la teoría sansimoniana parte de un hecho simple: existen ganancias que no
corresponden al trabajo. Eso es lo que se llama usura, cobrar por el uso.
¿Qué tiene eso de malo? Veamos.

En primer lugar, el mérito de cualquier creación, de cualquier obra, de cualquier resultado,
corresponde a sujetos y no a objetos. El tipo que le prestó los pinceles a Leonardo no es
coautor de la Gioconda.

Pero esto no importa tanto, esta usura podría ser un pecadillo menor. Lo importante es que,
en virtud de las condiciones del mercado, por las cuales existe siempre una mayor cantidad
de brazos, manos y cabezas que de capitales, el capital o, mejor dicho, los capitalistas, aprovechan
para llevarse la parte del león. De hecho, ése es el único trabajo que realmente se toman
en tanto capitalistas,asegurarse su tajada.

Obviamente, en este caso, el trabajador siempre es más pobre que el capitalista. Si la sociedad
, en general, es pobre, lo más probable es que esté expuesto al hambre y al desamparo.
Si es un poco más rica esa sociedad -o si existen factores que presionan al capitalista-
le caerán migajas más gordas.

Pero lo más importante de todo no es la desigualdad de ingresos sino que, por este motivo,
se perpetúa una relación de fuerza y una relación jerárquica al interior de la empresa y
a nivel de toda la sociedad.
publicado por Tsekub, el 27.06.2008 10:07
MUCHAS GRACIAS ESTE INFORMACION ME VA A AYUDAR MUCHO PARA HACER MI TAREA
publicado por CLAU, el 22.09.2008 19:48
Pues de nada, para eso estamos.
publicado por Tsekub, el 23.09.2008 18:03
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