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Isla de la Tortuga
"Aquí las capas son sayos/ y los toros bravos, bueyes./ Aquí todos somos reyes/ y todos somos vasallos".
01 de Agosto, 2008 · Anarquismo

Anarquismo y liberalismo (1)


Hasta hace no demasiado tiempo, escribir un artículo sobre las similitudes y las diferencias entre estas dos corrientes de pensamiento hubiera sido una tarea muy sencilla. Las similitudes eran claras, las diferencias también lo eran y las fronteras entre ambas estaban bien definidas. Hoy, querámoslo o no, la cosa parece haber complicado bastante con la difusión de una corriente relativamente nueva que se reclama, al mismo tiempo, anarquista y liberal y que se hace llamar, por lo tanto, “anarcocapitalismo” o “anarcoliberalismo”. En general, esta corriente ha sido rechazada con vehemencia por los seguidores del anarquismo “clásico”. ¿Qué razones hay para esta actitud?

El anarquismo y el liberalismo tienen en común -entre otros puntos que, más adelante, repasaremos- el de provenir de fuentes diversas (a diferencia del marxismo, que, aunque también procede, como señaló Lenin, de tres fuentes diversas, tiene un fundador que sintetiza, depura e interpreta estas tres fuentes) y el de admitir, en su seno, una inmensa variedad de “ismos” y una –y en eso, probablemente, el anarquismo aventaja al liberalismo- aún mayor variedad de tipos humanos (santos laicos y bandidos, hombres metódicos y bohemios extravagantes, místicos y blasfemos). ¿No es, por lo tanto, esta actitud de los anarquistas “de siempre” de no aceptar al anarcocapitalismo como una “doctrina hermana” mero dogmatismo e intransigencia? Veamos.

Liberalismo y democracia

Cómo hubiera sido ese hipotético artículo escrito antes de la “época de la duda”? Probablemente hubiese comenzado señalando los puntos en común. Ambas corrientes de pensamiento defienden la libertad personal y rechazan las instituciones coactivas. Y la mayor de las instituciones coactivas es el Estado. Por lo tanto, ambas posturas son antiestatistas. Sin embargo, el antiestatismo liberal tenía un límite. El Estado, para los liberales clásicos, era un mal, pero un mal necesario. Sí, era coacción, pero era una coacción para proteger a los hombres de otras coacciones. Debía contener el mínimo grado necesario de coacción para que la gente honrada no sucumba víctima de los aprovechados y los delincuentes. Pero era coacción y debía ser rigurosamente controlado. “Como el fuego –decía George Washington- es un sirviente peligroso y un amo cruel” y su contemporáneo Tomas Jefferson remataba con aquella famosa sentencia de que “el mejor gobierno es el que menos gobierna”. Los liberales de la primera hora creían en señalar con claridad cuáles eran las competencias del gobierno y en qué áreas éste no debía inmiscuirse. Creían en la división de poderes para que se contrapesen mutuamente y en que “el precio de la libertad es la eterna vigilancia”, como señalaba el citado Jefferson. En resumen, los primeros liberales eran demócratas. Y lo eran hasta tal punto que, durante mucho tiempo, “liberal” y “demócrata” fueron términos, prácticamente, sinónimos.

De Molinari a Rothbard

Por el contrario, los anarquistas no creían en el estado democrático –de hecho, no creyeron nunca en que el Estado pueda ser democrático- ni consideraban al susodicho Estado como un mal necesario. Lo más llamativo del planteamiento anarquista y lo que le dio nombre y fama fue, precisamente, la tesis de que una sociedad moderna y compleja puede vivir y organizarse, perfectamente, sin Estado. Ése es el Rubicón que los primeros liberales no cruzaron. Sin embargo, era de esperarse que, en algún momento, alguien se animara. La tentación era demasiado grande. Aquel a quien el célebre panfletario liberal Fréderic Bastiat consideraba como su sucesor, Gustave de Molinari, planteó, en un artículo escrito alrededor de 1849, la posibilidad de que los servicios prestados por el Estado fuesen suministrados por empresas privadas en competencia. El Rubicón había sido cruzado, alea jacta est. Pero no hubo legiones que siguieran a este Julio César hasta cerca de un siglo más tarde, cuando Murray Rothbard, un profesor norteamericano, concibió el armazón fundamental de lo que hoy se conoce como “anarcocapitalismo”. Sin embargo, aunque mencionó y elogió la figura de Molinari, Rothbard se apoyó, para dar vida a su Frankenstein, en dos fuentes principales: La propia tradición del anarquismo individualista norteamericano y los aportes de la Escuela Austriaca de Economía, uno de los pilares de la llamada “revolución marginalista”.

Por que ya existía, dentro del anarquismo, una tendencia muy influida por el liberalismo o, mejor dicho, más influida por el liberalismo que las demás tendencias –ya que, de por sí, el anarquismo de cualquier tendencia resulta de una curiosa amalgama entre liberalismo y socialismo. Del mismo modo que, tal como hemos visto, finalmente aparecieron liberales que hablaron de tirar al Estado por la borda, también hubo anarquistas que hablaban de libre mercado y libre competencia. ¿Hechos para entenderse? Se diría que sí. Una vez rebasado el último límite, el liberal se vuelve anarquista sin dejar de ser liberal. Eso es, precisamente, lo que pretenden los anarcocapitalistas. Sin embargo, la cosa no es tan sencilla.

Del mismo modo que, para unir su sangre a la de los hebreos y formar una sola nación, los pueblos cananeos del Antiguo Testamento debían cumplir con una serie de condiciones y dolorosos ritos –sobre todo, con la circuncisión- para que se produzca, por fin, el maridaje de las dos corrientes, deben existir ciertas renuncias. El liberalismo renunció al Estado mínimo y democrático, renuncia no demasiado dolorosa y que se veía venir (después de todo, se trataba, simplemente, de plantear el tema en el terreno de las meras hipótesis). [i] También, en la leyenda bíblica, los hijos de Jacob renuncian, supuestamente y con el dolor de su corazón, a la endogamia, renuncia a cambio de la cual obtendrían muchas tierras y cabezas de ganado. ¿A qué debe renunciar el anarquismo clásico en opinión de Mr. Rothbard y compañía? Ya lo veremos. Falta saber si esta historia no termina, también, con todos los cándidos cananeos, dormidos e indefensos, pasados a cuchillo por Judá y sus vengativos hermanos.

¿Teoría laboral del valor?

De acuerdo a Wendy McElroy, lo que hizo don Murray fue unir la filosofía política de Warren, Tucker y Spooner con la economía de Menger, Mises y Hayek, desprendiendo al anarquismo individualista de lo que ella llama “el lastre de la teoría laboral del valor”. Es curioso constatar como todos aquellos que han sufrido la influencia hipnótica de las teorías austriacas (como es bien sabido, la hipnosis es más poderosa en los individuos débiles de inteligencia y voluntad) tienden a repetir, como histéricos loritos, que esta teoría ha sido superada y que, por lo tanto, toda crítica antipatronal o anticapitalista carece de sentido. Pretenden, de este modo, asimilar toda la protesta socialista a la teoría marxista con lo cual demuestran, simplemente, ignorancia o mala fe, ya que la teoría laboral del valor es, hablando en términos relativos, un arma relativamente nueva en el arsenal anticapitalista, además de ser bastante prescindible. Falta saber si el planteamiento marxista no es, como señalaba Kropotkin, más que una jugarreta ingeniosa, un decirles a los economistas defensores del establishment: “¡Miren como, incluso con vuestros propios argumentos, podemos demostrar que el capitalista explota al obrero!” De jugarretas ingeniosas está llena la historia del pensamiento.

Realmente no parece ¦10¦ –el más famoso de los individualistas- adherirse a una teoría de la explotación fundada en la teoría laboral del valor. Su exposición, más bien, apunta a la diferencia esencial entre las rentas obtenidas del trabajo y las obtenidas, simplemente, de la propiedad (a eso él llama “usura”, al hacer que tu propiedad te produzca más propiedad). Se encuentra, por lo tanto, en el terreno de lo que ¦11¦ denomina la “teoría de la explotación de los sansimonianos”. Es obvio que la misma parte de una petición de principio moral al declarar legítimos los ingresos provenientes del trabajo y considerar la usura como una trampa, un robo o, en términos más moderados, una picardía. Exactamente del mismo modo que también es una petición de principio declarar a la libertad o al bienestar general como algo deseable. Evidentemente, no deja de tener algo indignante el hecho de que aquel que, en realidad, menos aporta –por que no aporta nada de él, de su persona; ni su tiempo, ni su fuerza, ni su destreza- sea el que más se lleve y sea, además, el que parta la torta (y ya se sabe que “el que parte y reparte se queda con la mejor parte”[ii]). Sin embargo, los ingresos debidos a la propiedad bien pueden considerarse como una picardía o un mal necesario para mantener alborotado el corral económico.

El eterno problema

Aún así, cualquiera se da cuenta de que hay algo que tiende a estar mal en las relaciones entre el capital y el trabajo. Y ese algo es que, en tales relaciones, el primero de los factores tiene, casi siempre, la sartén por el mango. Y que, por lo tanto, estas relaciones se parecen bastante a relaciones de fuerza. Los liberales pueden decir que, en un mercado libre, la oferta y la demanda de trabajo estarían bastante niveladas y que el trabajo podría negociar con más ventajas (algo bastante parecido a lo que plantea Tucker) pero esto es un poco como decir que, si las mujeres tuviesen la misma fuerza física que los hombres, las chicas en edad de merecer podrían transnochar en cualquier ciudad, por agitada y peligrosa que sea, con muchas menos preocupaciones. Decir que, si el problema no existiera, el problema no existiría es, sin duda, formular una verdad de a puño pero es, también, formular una gran banalidad. Ok, ok… Es verdad que los liberales señalan la (supuesta) solución al problema. Correcto. Pero es sorprendente que, a renglón seguido, señalen que el problema, en realidad, no existe. Ésta es una gran contradicción de los liberales modernos, más sorprendente aún que aquella de los liberales clásicos consistente en despotricar contra el Estado y sostener, simultáneamente, su necesidad. Es sorprendente que, tras definir ideales, defiendan realidades y que, tras describir cómo serían las óptimas relaciones entre el capital y el trabajo en un mercado libre, comiencen a defender las relaciones no precisamente óptimas en el mercado tal como existe hoy, en ese mercado intervenido y distorsionado. Por que, digan lo que digan, los liberales (incluyendo a los anarcocapitalistas) se colocan de parte del bando patronal ya que, para ellos, existiendo igualdad ante la ley y no habiendo amenaza directa del uso de la fuerza física, no existe coacción y todo intercambio en tales condiciones es libre y, por lo tanto, mutuamente beneficioso. No importa que una parte entregue su propio vida a cambio, tan solo, de un penoso sobrevivir ya que nadie la obliga. ¿Qué las otras opciones son, prácticamente, iguales? ¿Qué, si no acepta, se muere de hambre? No hemos heredado el paraíso. La vida no es fácil para nadie. Cuando Esaú, para no morirse de hambre, vendió su primogenitura a Jacob por un plato de lentejas, ambas partes salieron mutuamente beneficiadas ya que ambas “pasaron de un estado de menor satisfacción a otro de mayor satisfacción”. En toda negociación libre, todos buscamos sacar la mayor ventaja posible y aprovechamos las debilidades del otro hasta que se llega a un punto de acuerdo y mutua conveniencia. “Nada por aquí, nada por allá; no hay trampa, no hay cartón”. La verdad es que, personalmente, los sutiles argumentos austriacos se me antojan trucos de prestidigitador para dejar boquiabiertos a los inocentes aldeanos, próximos a ser desplumados. Jugarretas ingeniosas, como antes decía.

Un periodista engreído, que se cree una lumbrera,
dice al pobre, a quien ha hundido en las tinieblas…

[i]  No deja de ser curioso que la propuesta de Gustave de Molinari sea realizada en 1849, precisamente después de la Revolución de 1848, durante la cual el proletariado se mostró, por primera vez, capaz de influir en los asuntos públicos. Es decir que, cuando se vio que el Estado podía dejar de ser un monopolio exclusivo de “la gente decente”, se decidió que ya no se podía confiar en él. No estoy afirmando nada, sólo sugiero. Y con un tono más humorístico que otra cosa. Pero, repito, no deja de ser algo que llame la atención.

[ii] El capitalista puede trabajar, sin duda, y trabajar mucho. Pero su condición superior en la jerarquía –su condición de patrón, de jefe- y, por lo tanto, su condición de distribuidor y principal beneficiario no la debe a sus méritos como trabajador sino a su condición de capitalista.

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publicado por tsekub a las 20:14 · 13 Comentarios  ·  Recomendar
 
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Interesante el post. ¿Habrá una segunda parte? (Pregunto por el "(1)" del título). Hay puntos bastante ciertos y puntos que me parecen errados. Uno, por ejemplo, es que el capitalista no trabaja o no aporta nada "suyo" sino su propiedad. Acá te dejo una cita de mi blog (tan aplicable al marxismo como a las ideas anarquistas clásicas):

«En segundo lugar, la figura del “productor” está, en el marxismo, reducida simplemente a todo aquél individuo que aplica el trabajo directo, que sufre “un gasto de fuerza de trabajo humana”, que emplea su potencia de “gelatina de trabajo humano indiferenciado” [Karl Marx, El Capital, I, 1867], en el proceso productivo. Nuevamente, si nos atenemos a una definición más técnica del término “productor” como todo aquél agente económico que interviene en el proceso de producción incurriendo en algún sacrificio determinado con el fin de obtener un producto o bien al terminar el mismo, el concepto nos permite incluir todo tipo de cooperación humana —y bien sabemos que Marx consideraba el trabajo intelectual como un tipo de gasto de trabajo humano indiferenciado, y por ende, también “productor”—.

El trabajo “productor” considerado de esta manera, incluye todo tipo de gastos, tanto mental, como de existencias o trabajo acumulado. La Escuela Austriaca de Economía ha realizado valiosos aportes sobre la función vital que cumple el empresario en el proceso productivo. El rol del capitalista en el mercado consiste en encontrar la utilización de recursos que mejor satisfaga las necesidades de los consumidores, puesto que esta aprobación le garantiza mayores ganancias. Para esto deben tomar los precios del pasado inmediato como índices-guía y predecir o deducir los movimientos futuros, invirtiendo los recursos disponibles en aquellos “nichos del mercado” donde las discrepancias de los mismos sean mayores. En términos de economía neoclásica, podemos decir igualmente que, si bien el mercado tiende a encontrar el equilibrio, es la acción del empresario la que lo pone en camino, ya que su existencia está dada pura y exclusivamente por los desequilibrios del sistema. También podríamos añadir la visión schumpeteriana del empresario capitalista, como agente económico innovador, buscando y creando nuevos mercados y aportando y utilizando de la mejor manera nuevos procesos y métodos tecnológicos y productivos más eficientes.

Concibiendo al empresario en su forma más coherente, es imposible negarle la calidad de productor. El capitalista
publicado por The Langlois, el 03.08.2008 20:36
... no es, como lo indica la teoría marxista, un “simple” poseedor de medios de producción o capital. Allí en donde se limita únicamente a poseer su riqueza, y no a invertirla y darle una dirección en el proceso de producción, el capital desaparece debido al consumo. La única diferencia que tendría la miseria del propietario con la del obrero, es que llega más retardada y tiene más tiempo de disfrute. Si, tal como lo plantea la teoría marxista, la explotación y la dominación de clase, ha de ser necesariamente la extracción y apropiación de “plus-trabajo” de los productores por parte de una clase ociosa, es indudable que el capitalista debidamente considerado no puede incluirse en el segundo grupo, ya que la influencia del mismo en la producción es determinante.»
publicado por The Langlois, el 03.08.2008 20:38
Tiene que ser poco a poco, Tsekub. La clase obrera, la campesina y la marginal no tienen hoy la suficiente educación e inteligencia para dirigir o planificar la economía, ni siquiera la economía de empresas pequeñas. Si mañana les entregas el poder y el mando a los obreros y campesinos, y les dices que planifiquen ellos, que fijen los mínimos y los máximos de los precios, salarios y utilidades, para pasado mañana tendrás a una serie de vivales utilizando una retórica populista o de lucha de clases y manipulando a los obreros y los campesinos. La historia lo demuestra: a los obreros campesinos SIEMPRE les sale el tiro por la culata (URSS, China, Cuba, etc).

De modo que tiene que hacerse poco a poco. Hasta que los obreros y campesinos se vuelvan educados e inteligentes, es preferible (menos malo) que los empresarios y capitalistas sean los que tengan el rol predominante que señalas. Son ellos -los empresarios y capitalistas- o son los intelectuales marxistas o semimarxistas. De momento no hay otra opción. Con los primeros, a los obreros y campesinos les va bastante mejor que con los marxistas y marxistoides. Por ello el anarcocapitalismo es el anarquismo PARA LO INMEDIATO. A menos, claro, que tú confíes más en los políticos socialdemócratas...

pd. Malagradecido. ¿Por qué me borraste de tu blogroll?
publicado por wg, el 04.08.2008 00:58
El anarcocapitalismo es el anarquismo SIN VANGUARDIAS. Su estrategia es: agorismo (desobediencia y evasión de impuestos), ataque a las ideologías estatistas y secesiones múltiples. No necesita ser parte de un "movimiento anarquista", si por éste se entiende lo que entienden los anarquistas de izquierda: un movimiento orientado a crear una vanguardia (formada por ideólogos o intelectuales anarquistas) que "inspirará" al pueblo políticas y remedios colectivistas. Para el anarcocapitalismo es suficiente con dejar a la gente en libertad de vivir, producir, intercambiar y consumir. Por si sola la gente pondrá en práctica el capitalismo popular = anarcocapitalismo.
publicado por wg, el 05.08.2008 21:08
Hola. De acuerdo a Langlois, el capitalista sí realiza un trabajo en tanto capitalista, que es el trabajo de verr dónde pone su capital. Esto es, más que un dueño de tierras que percibe una renta es un sembrador que arroja semillas. Pero -siguiendo con las imágenes bíblicas- este sembrador no las arroja a loco, de modo que sólo algunas florecen, si no que investiga cuáles son los terrenos más apropiados. Realiza una especie de prospección. Pero, pregunto yo: a) ¿Esto no se puede tercerizar? b) ¿Por que este trabajo, por importante que sea, le concede el mando de la nave?
publicado por Tsekub, el 06.08.2008 10:18
Lo que le concede el mando de la nave es la propiedad (no el trabajo), y el hecho de que la gran mayoría reconoce la propiedad como legítima.

¿Tercerizar? Nunca había visto esa palabra.
publicado por wg, el 06.08.2008 18:25
Tsekub, el mando de las empresas puede estar en manos de los trabajadores, y a largo plazo los mercados tienden a posibilitar ese mando (siempre y cuando los trabajadores estén dispuestos a asumir los riesgos). Lo que le concede el mando sobre la nave es la propiedad sobre su capital, aunque la dirección del mismo no implica obtener ingresos más altos que los asalariados. Puede darse lo primero y no necesariamente lo segundo. El hecho de que un capitalista obtenga beneficios sideralmente más altos que los ingresos de los obreros proviene de la manipulación de las condiciones del mercado, de modo que exista un excedente suficiente de oferta de trabajo por sobre su demanda. Es así de sencillo.
publicado por The Langlois, el 07.08.2008 05:56
Sí, como dice Langlois, es así de sencillo: la oferta de trabajo es muy superior a su demanda. Pero los anarquistas de izquierda son impacientes: quieren acelerar eso, quieren que los ingresos de los trabajadores igualen ya o superen ya a los de los capitalistas. Y si alguien les dice que eso no es posible, que tiene que ser poco a poco, que se pongan a estudiar economía, que antes deben darse las condiciones para que los capitalistas inviertan más y -de esa manera- aumente la demanda de trabajo y los salarios laborales, responden que eso es "economicismo" o "fundamentalismo de mercado" o "ponerse del lado de los patrones y los ricos", etc... de modo que al final terminan pasándose a la socialdemocracia y abandonan el anarquismo. O lo conservan, pero transformado en una idea vaga y romántica, sin posibilidades reales de aplicación.


---Tendremos que hacer la anarquía, con, sin o a pesar de los anarquistas ---Roy Childs.


[Ya no me ignores, Tsekubín. Voy a morir de amor]
publicado por wg, el 07.08.2008 16:05
Tsekub dijo:


Eso sería en cuanto empresario, sería labor empresarial, no en condición de capitalista.

Tsekub dijo:


Ese trabajo (labor empresarial) en si mismo no le da el mando de nada, sólo de que el capital se invierta donde él decidió, absolutamente nada más. Lo que le da el mando es la propiedad; de ahí, de su condición de capitalista (agente ocioso con capital) es de donde extrae su beneficio.

El capitalista es como el Estado: se apropian de capital y cobran impuestos a cualquiera que quiera utilizarlo y trabajarlo. Ningún trabajo realizan e intercambian que respalde ni justifique el que saquen beneficios, sólo el acaparamiento y la amenaza del uso de la fuerza lo hace.
publicado por Dadaísta., el 11.08.2008 18:52
Tsekub dijo:
"De acuerdo a Langlois, el capitalista sí realiza un trabajo en tanto capitalista, que es el trabajo de verr dónde pone su capital."

Eso sería en cuanto empresario, sería labor empresarial, no en condición de capitalista.

Tsekub dijo:
"b) ¿Por que este trabajo, por importante que sea, le concede el mando de la nave?"

Ese trabajo (labor empresarial) en si mismo no le da el mando de nada, sólo de que el capital se invierta donde él decidió, absolutamente nada más. Lo que le da el mando es la propiedad; de ahí, de su condición de capitalista (agente ocioso con capital) es de donde extrae su beneficio.

El capitalista es como el Estado: se apropian de capital y cobran impuestos a cualquiera que quiera utilizarlo y trabajarlo. Ningún trabajo realizan e intercambian que respalde ni justifique el que saquen beneficios, sólo el acaparamiento y la amenaza del uso de la fuerza lo hace.
publicado por Dadaísta., el 11.08.2008 18:54
"Lo que le concede el mando sobre la nave es la propiedad sobre su capital, aunque la dirección del mismo no implica obtener ingresos más altos que los asalariados. Puede darse lo primero y no necesariamente lo segundo."

-------->Claro, pero es bastante improbable por el dicho ya mencionado.

"El hecho de que un capitalista obtenga beneficios sideralmente más altos que los ingresos de los obreros proviene de la manipulación de las condiciones del mercado, de modo que exista un excedente suficiente de oferta de trabajo por sobre su demanda. Es así de sencillo."

---->De acuerdo con que proviene de que exista "un excedente suficiente de oferta de trabajo por sobre su demanda". Nunca he dicho otra cosa. Pero no estoy seguro de que esto sea causado por la manipulación del mercado.
publicado por Tsekub, el 12.08.2008 14:22
Tercerizar es un término en boga en el ámbito empresarial para designar el hecho de que una empresa contrate a otra para realizar alguna de sus funciones. Puede decirse que equivale a "subcontratar" o "delegar" pero supone que la función que delega es originalmente de la empresa -o del agente económico individual- y renuncia a ejercerla directamente para concentrarse en otras -o para rascarse cierta parte.
publicado por Tsekub, el 12.08.2008 14:26
Cárceles y prohibiciones para anarquistas han existido siempre. En este sentido, quizás os resulte constructiva -en tanto que formación- la lectura del libro "El tiempo de la desmesura", de Ríos Carratalá, quien trata de la represión de ideales y cinema durante la guerra civil española.

Saludos
publicado por Anna, el 13.07.2010 07:27
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